Débil, delgado: Sin cuerpo ni mucho gusto, pero puede ser agradable.
Decrépito: Vino que ha visto disminuidas sus características deseables a tal punto que con frecuencia, no es agradable de beber. Esto ocurre normalmente por un exceso de añejamiento, por oxidación, por malos tratamientos o mala conservación.
Delicado: Fino, con poco cuerpo.
De raza: Gran clase, muy representativo de su cepa y región.
Descarnado: Se dice de un vino pobre en alcohol y extracto seco.
Desequilibrado: Cuando sus componentes no logran armonía.
Despojado: Vino que no tiene más partículas que puedan enturbiarlo. Un vino queda despojado por un largo estacionamiento.
Despuntado: Operación cultural que consiste en el corte de los extremos de los brotes.
Desvaído: El vino que ha superado su período de madurez y ha perdido sus principales virtudes.
Distinguido, elegante: Delicado, suave, se bebe con placer.
Duro: Desagradable al pasar por el paladar, nada aterciopelado. Predominancia de acidez y astringencia. Generalmente este carácter de dureza se presenta en tintos jóvenes destinados a crianza.